«¿Me querrá de verdad?»
«¿Por qué está tan raro hoy?»
«¿Habré hecho algo mal?»
Si estos pensamientos rondan tu cabeza de forma constante cuando estás en pareja, es muy probable que tengas un estilo de apego ansioso. Lejos de ser «intensidad» o «dramatismo», como muchas veces juzga la sociedad, el apego ansioso es un mecanismo de supervivencia. Se activa porque, en algún momento del pasado, el afecto que recibiste fue intermitente o impredecible.
Vivir con este estilo de apego es agotador para el sistema nervioso. Sus principales manifestaciones son:
Estás constantemente escaneando a tu pareja. Analizas sus gestos, sus tiempos de respuesta en WhatsApp o los «me gusta» que da en redes sociales buscando señales de peligro inminente.
Para calmar la ansiedad, se busca pasar el máximo tiempo posible con el otro, abandonando a veces los hobbies propios o las amistades.
Cuando te sientes inseguro/a, en lugar de pedir afecto directamente, a menudo recurres a comportamientos de protesta (dejar de hablar, dar celos o hacer reproches) para forzar a que tu pareja te demuestre que le importas.
El gran problema del apego ansioso es que la tranquilidad dura muy poco. La validación externa actúa como una tirita; calma momentáneamente, pero al no existir seguridad interior, el miedo vuelve a aparecer a las pocas horas.
El objetivo no es dejar de necesitar amor (somos seres sociales), sino aprender a darnos a nosotros mismos la calma y la seguridad que exigimos desesperadamente al otro.
Sanar el apego ansioso es liberador y te permite disfrutar del amor sin miedo constante. Si estás sufriendo en tus relaciones y buscas una psicóloga en Lucena, Rocío Sánchez Serrano y el equipo de Bitácora Psicología te darán las herramientas para recuperar tu paz mental.