A menudo, la ansiedad y los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) caminan de la mano. En la consulta psicológica es muy común observar cómo los niveles altos de estrés y nerviosismo crónico actúan como desencadenantes, o mantenedores, de una relación tóxica con la comida.
Pero, ¿cómo se conectan exactamente la ansiedad y los TCA?
Para muchas personas, el origen del trastorno alimenticio no está en el deseo de adelgazar, sino en la necesidad de apaciguar un malestar emocional intenso.
Cuando la ansiedad nos desborda y carecemos de herramientas psicológicas para gestionarla, recurrimos a lo que tenemos más a mano. En el trastorno por atracón o la bulimia, la comida (especialmente alimentos ricos en azúcares y grasas) genera un alivio momentáneo. Sin embargo, ese alivio desaparece rápido, dando paso a una profunda culpa que vuelve a disparar la ansiedad.
En el caso de la anorexia, el mecanismo es ligeramente distinto. La persona siente que su vida (sus estudios, sus relaciones, su futuro) es un caos que le genera una ansiedad insoportable. Al no poder controlar su entorno, traslada esa necesidad de control a algo que sí cree poder dominar: su ingesta calórica y su peso corporal.
La ansiedad y los TCA comparten una sintomatología cognitiva muy desgastante:
Tratar un TCA sin abordar los niveles de ansiedad subyacentes es como poner una tirita en una herida profunda. La terapia psicológica debe enfocarse en enseñar al paciente estrategias de regulación emocional eficaces, para que la comida deje de ser su único refugio o su única forma de sentir control.
Dar el primer paso es difícil, pero no tienes que hacerlo a solas. Si buscas una psicóloga en Lucena para tratar problemas de ansiedad o un TCA, Rocío Sánchez Serrano y el equipo de Bitácora Psicología están aquí para escucharte y trazar un plan a tu medida.